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En principio, la instrucción -que describe y explica hechos- y la educación, que pretende desarrollar capacidades y potenciar valores, son formas de transmisión cultural distintas pero complementarias, es decir, en modo alguno opuestas ni mutuamente excluyentes.
Por poner un ejemplo: dar cuenta objetiva de ciertos sucesos y procesos es instructivo; verificar así lo valioso de la objetividad para el conocimiento humano es educativo.
Otro: constatar la reprobación casi universal del asesinato dentro de las comunidades humanas es instructivo; deducir de ello el notable valor de la vida del prójimo (aunque no así, ay, el de los menos próximos) para los hombres resulta educativo. Etcétera... Perdónenme la obviedad, mañana les prometo volver a ser ingenioso.
La instrucción promueve el conocimiento de lo que hay, la educación se basa en ella para conseguir destrezas y hábitos que nos permitan habérnoslas lo mejor posible con lo que hay. La contraposición instrucción-educación es semejante en más de un aspecto a la que en periodismo se establece entre información y opinión.. Pero todos sabemos que incluso la información más objetiva implica elementos opinativos, sea en la forma de redactarse, en la selección de lo relevante o en la importancia que se concede a unos hechos sobre otros similares, que no siempre coincidirá con lo que preferiría la subjetividad de cada cual: si el mismo día muere mi padre y fallece el Rey (q. D. g.), los medios de comunicación primarán el segundo acontecimiento sobre el primero, aunque para mí el impacto de ambos sucesos sea inverso.
De modo paralelo, los artículos de opinión y los comentarios más fiables serán -o creo yo en mi simpleza optimista que deberían ser- los que se apoyen en una información mejor documentada, sin la cual las opiniones son meros caprichos o exabruptos. Me parece que enfrentar la instrucción y la educación, incluso llegando a valorar una como recomendable y la otra como manipuladora, resulta absurdo cuando se considera en su conjunto el sentido de la transmisión cultural. Ambas responden a la necesidad de proporcionar a los jóvenes los elementos que consideramos más útiles para que su vida y la armonía social tengan esperanza de prosperidad.
Según este criterio, tan importante es que el neófito conozca el dato objetivo de que la carne humana es comestible como la pauta moral que recomienda enérgicamente otro tipo de dieta. Y así llegamos a la asignatura de Educación para la Ciudadanía.Entre los adversarios que ya tiene la neonata, los menos virulentos admiten que debería centrarse solamente en la enseñanza de los Derechos Humanos y de la Constitución, pero sin pretender referirse a cuestiones éticas (que por lo visto son atribución exclusiva de los padres y no pueden ser generalizadas gubernamentalmente sin incurrir en totalitarismo).
La primera pregunta que se me ocurre ante este asombroso planteamiento es: ¿cómo puede instruirse a nadie sobre tales derechos y tal ley fundamental sin mencionar las implicaciones morales de que están llenos y los principios éticos en que se basa:
- Si un alumno pregunta por qué debe respetar tal legislación... ¿qué habrá que contestarle?
- ¿Que si no cumple con lo que mandan las autoridades irá a la cárcel y sanseacabó?
- Al hablar de los Derechos Humanos, ¿podrá contarse su historia, las luchas de que provienen contra poderes y tradiciones, sus enemigos seculares... el primero de los cuales por cierto fue el papado?
- Al instruir sobre la Constitución, ¿cabrá mencionar que ampara libertades y garantías que fueron negadas por la pasada dictadura y por otras actuales?
- ¿Podrá subrayarse su carácter de acuerdo histórico y que como tal puede ser modificada si parece conveniente a la mayoría, para reforzar los valores que pretende establecer?
- ¿O tales explicaciones deben ser cuidadosamente omitidas para no caer en lo tendencioso?
-Aún hay duros de mollera que se escandalizan al escuchar que ciertas disposiciones éticas responden a las exigencias mayoritarias de convivencia y no a la conciencia de cada cual. Pues sin embargo así es, al menos en las democracias del siglo XXI. Por eso también la Educación para la Ciudadanía no puede ni debe confundirse sin más con la formación moral.
Hay una dimensión ética que corresponde a las convicciones de cada cual y en la que ninguna autoridad académica puede intervenir: nadie debe imponerme la obligación moral de considerar aceptable la homosexualidad o el aborto, si mis creencias o mi razón me dictan otro criterio. Pero es necesario que conozca el valor moral de tolerar cívicamente aquellos comportamientos que no apruebo o incluso que detesto, siempre que no transgredan la legalidad y en nombre de la armonía social pluralista.. Y eso delimita una frontera entre lo que puede y no puede aceptarse también a nivel personal: tengo derecho a considerar vicio nefando la homosexualidad pero no a hostilizar o proscribir las parejas homosexuales.
Puedo tener personalmente por importantísimas las raíces cristianas de Europa, pero no puedo considerar mal europeo a quien no sea cristiano ni mal español a quien no sea católico.
Y puedo tener la íntima convicción de que muchos malvados merecen la pena de muerte, pero no debo ocultar a los jóvenes que la sociedad democrática en que vivimos ha adoptado como norma la abolición del castigo capital por sus implicaciones deshumanizadoras. Es decir: debe haber una asignatura de ética que reflexione sobre el origen, fundamento y necesidad de los valores humanos en general y una asignatura de Educación para la Ciudadanía que transmita la exigencia moral de tener valores comunes instituidos legalmente, que sirvan de directrices al comportamiento social aunque no puedan serlo siempre de la conciencia personal.
Es preciso instruir y es preciso educar. Lo que no es aconsejable es el puro "adoctrinar", o sea, presentar lo que es un resultado de debates y acontecimientos históricos como algo inamovible, llovido directamente de la eternidad. Dar a entender que todos los profesores de la nueva asignatura son dóciles marionetas al servicio de los intereses gubernamentales es una majadería calumniosa que no merece más comentario.
Pero no es imposible que entre ellos aparezca algún iluminado de esos que bloquean el aprendizaje crítico de los alumnos a fuerza de consignas incendiarias y de empeñarse en subvertir lo que aún ni se ha molestado en enseñar (tal como explicó Hannah Arendt). Y es de temer que aún más frecuentes sean los enseñantes que se refugien en la corrección perogrullesca y tímida, en vista del jaleo organizado en torno a este asunto. Es preciso no dejar solos a quienes creen en la oportunidad de la asignatura y están dispuestos a esforzarse entre lógicos tanteos por darle la mejor realidad posible, con prudencia pero también con cierta audacia.
De modo que los demás no tendremos... continuará.
Comentarios (0) Creado por November 15, 2008 (6:38PM)
Lo que se necesita para que un jugador joven pueda jugar en un equipo de primer nivel Antes del partido con el St. Petersburgo les dije a mis jugadores jóvenes que este partido sería mucho más difícil para ellos comparado con el partído anterior con el Tau. Me miraron sorprendidos y les expliqué que en Vitoria ellos esperaban jugar unos pocos minutos y cometer errores debido a la gran energía y gran talento del rival. Los espectadores, yo mismo e incluso los compañeros de equipos no tenían grandes expectativas sobre ellos. Entraron para jugar 4 ó 5 minutos sin ningún tipo de presión y todos anotaros al menos una canasta. Jugaron muy tranquilamente. Todo el mundo estaba muy feliz por ellos.
En la Superliga rusa hay una norma que obliga a jugar con al menos 2 jugadores rusos en la pista a la vez. En este partido estabamos expectantes para ver como nos ayudan. Les necesitabamos para compensar la pérdida por lesión de Savrasenko y que alguno de nuestros líderes necesitaba algo de descanso tras el importante partido de Vitoria. En realidad, una vez más, nuestros líderes jugaron de nuevo una vez más muy bien contra el el Spartak, incluso a pesar de que Trajan y David tuvieron un porcentaje en tiros de campo menor de lo habitual. El rendimiento de nuestros jóvenes (con la excepción de Anatoly Kashirov que hizo 6 puntos – 4 rebotes en 14 minutos) fue decepcionante.
Hagamos una hipótesis. Estos chicos están física y técnicamente preparados para jugar a este nivel. Así que es sólo una cuestión de preparación mental, el trabajo mental, lo que marca una increible diferencia. Los jóvenes jugadores dependen en gran medida de su rendimiento. Se sienten muy inspirados con un buen rendimiento y enormemente frustrados cuando salen las cosas mal. No comprenden por razón de su edad que para que lleguen a ser buenos jugadores deben ser consistentes en su juego noche tras noche. A nuestro nivel no podemos permitirnos jugar un primer gran partido y luego un siguiente partido muy malo. Debemos jugar el segundo como mínimo a un nivel medio.
Si eres un jóven jugador que juega en un equipo de primer nivel, siempre vas a tener una oportunidad, porque la atención de la defensa se centrará en los jugadores clave de tu equipo. De tal modo que puedes ayudar si intentas defender, rebotear o tirar cuando tienes una opción. Vas a encontrar muchas oportunidades en las que tu defensor te dejará mientras ayuda sobre tus compañeros. En estos momentos necesitas ser extremadamente determinante con tu tiro. No debes perder tiempo en pensar cuando estás sólo. Esto sólo te conducirá a cometer errores. Necesitas tener un buen tiro exterior, porque la defensa te permitirá por un momento lanzar desde fuera. En pocas ocasiones vas a tener opciones de penetrar.
Por desgracia, la mayoría de los jugadores jóvenes no entienden la importancia de desarrollar una eficaz mécanica de tiro es suspensión. Están más preocupados por mejorar su manejo de balón para las penetraciones o realizar extraños movimientos. Es curioso ver que a la mayoría de los jugadores jóvenes que llegan de USA a Europa les pasa lo mismo. Creen que con su capacidad de salto y su habilidad para penetrar con el balón pueden resolver la mayoría de situaciones en ataque. No entienden que a nuestro nivel de defensa la primera opción que les darán es la de tirar. Sólo entonces, si demuestran ser unos tiradores decentes, serán agresivos y conseguirán abrir espacios para una penetración.
Otra razón por la que es difícil para los jóvenes jugar en un equipo de primer nivel es por la extremada importancia que tienen cada una de las posesiones. En equipos de nivel medio, pueden permitirse más errores y seguirás en la cancha más minutos, porque pueden permitirse más pérdidas. En un gran equipo, como el nuestro, esto no es posible.
En Italia y España en los últimos 10-15 años la mayoría de los jóvenes que pasaron de ser una estrella en juniors a una estrella en senior, estaban jugando en equipos de nivel medio. Es muy raro que un gran jugador joven llegue a despuntar en un equipo grande, porque es muy difícil para el conseguir los suficientes minutos de juego. Os daré algunos ejemplos. Rudy Fernández está jugando en Badalona, que es un buen equipo, pero no es el Barcelona o el R. Madrid. Danilo Gallinari está jugando en Milán, que es también un equipo de nivel medio. Fue distinto en el caso de Andrea Bargnani. No era un gran talento, pero física y mentalmente estaba preparado para jugar en un equipo campeón como Benetton.
Sin embargo, esto es una excepción. La mayoría de estrellas de los 70 como R. Brunamonti y Antonello Riva crecieron en equipos de nivel medio, donde dispusieron de más oportunidades de jugar y aprender pues podían cometer errores.
La mayoría de los jugadores jóvenes con los que he trabajado en el CSKA pasaron por momentos muy duros para ser capaces de mantener la competitividad en los entrenamientos y luchar por minutos por dos razones. A veces tienen demasiado respeto por los jugadores veteranos y en otras ocasiones tienen tan arraigado en su interior que, incluso con un buen rendimiento no se creen que vayan a disponer de minutos de juego. Desarrollan una mentalidad de jugadores únicamente para los entrenamientos. Esto significa que a veces no están dispuestos cuando llega la hora de entrar a jugar en un partido.
De todos modos hay excepciones. Me gusta la trayectoria de trabajo de Alexey Shved en las últimas semanas. Fue el más competitivo de nuestros jóvenes en los entrenamientos y si continua por el mismo camino, creo que su momento llegará. El único modo para que un joven jugador llegue a ser consistente en su juego es que sea disciplinado dentro y fuera de la cancha y mejore su mentalidad defensiva, ya que lo normal es que esté cercana al 0 la mayor parte del tiempo.
Otra importante cuestión con los jóvenes es que no tienen idea de lo que es defender. Es realmente decepcionante ver que incluso cuando alcanzan nuestro nivel no tienen ni idea de ser agresivos en defensa. Lamentablemente, la defensa no es la cualidad más fuerte de los jugadores rusos. Puedes ver esto en la mayoría de los jóvenes rusos que juegan en la Superliga y en los equipos junior del país. Tienen un gran talento ofensivo, pero les faltan a la mayoría dos cosas, en mi opinión: agresividad en defensa y habilidad de pase en ataque. Las carencias defensivas dificultan a nuestros jovenes que puedan jugar más tiempo. En el CSKA necesitas defender bien si quieres que te den minutos de juego.
Como joven jugador nunca vas a tener la oportunidad de anotar muchos puntos si renuncias a la defensa. No importa que habilidades ofensivas tengas. Para jugar minutos, yo no debería tener miedo de sacarte a jugar en un partido importante. Incluso si defiendes a un jugador más grande, fuerte o veterano deberías ser capaz al menos de bajar su nivel de rendimiento. Por desgracia, es muy común entre los jóvenes conformarse y no intentar cambiar el juego del rival. Y entonces ellos tienen todas las excusas del mundo preparadas, de todo tipo además.
Cada vez que un jugador joven juega un buen partido, recibe una gran atención de la prensa, lo cual creo que es muy importante. Pero para llegar a ser un buen jugador deben inmediatamente olvidarse de ese partido, ya que el partido más difícil es siempre el siguiente. No se trata de romper con tu progresión, pero si es necesaria cierta coherencia.
La verdad es que de cada 10 jugadores jóvenes sólo hay uno que pueda llegar a ser un buen jugador. Todo depende de su agresividad, determinación, y su capacidad para estar listo mental y físicamente. Hay un punto en el que el entrenador no puede hacer nada. Puedo intentar empujarlos, provocarlos, pero todavía les corresponderá a ellos que lleguen a ser jugadores sólidos.
30, 20 e incluso hace 10 años los jugadores no tenían una centésima parte de lo que ahora tienen en términos de condiciones, salarios y atención de la prensa. Luchaban desde la mañana hasta la noche para mejorar su juego, porque si conseguían llegar a ser buenos jugadores podrían mejorar su nivel de vida. Antes había mucha más hambre para llegar a ser alguien en el baloncesto. Obviamente, no podemos volver a esa situación. Tenemos que encontrar otra vía para llegar a sus mentes, tal vez para cambiar su ego y su escala de valores. Para ayudarles a entender que no siempre pueden estar buscando excusas de su bajo rendimiento, necesitan encontrar el coraje para decir: “Es así. He jugado mal. No me he entrenado bien y no juego porque no estaba lo suficientemente preparado”, en lugar de echarle siempre la culpa a los entrenadores, a los compañeros o a la mala suerte. Lo único que podemos hacer como profesores es ayudarles a crecer mentalmente. Sin embargo, la capacidad para aceptar la responsabilidad entre los jugadores jóvenes es muy baja. No sólo en Rusia, en casi todos los sitios es lo mismo.
Si les obligas a entrenar 6 horas al día, entrenarán 6 horas. Pero, nunca les he visto a la mayoría ir al gimnasio a entrenar más antes o después del entrenamiento, a menos que yo se lo comente. A veces parece que ellos trabajan para mi, no para ellos mismos. Y esto pasa igualmente en Italia. Sólo aquellos, que sean distintos, amen el juego y, tengan una fuerte determinación para mejorar su juego llegarána ser estrellas. Es así de fácil, es así de sencillo.
Comentarios (0) Creado por admin November 14, 2008 (1:23PM)
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