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Juventud, divino tesoro

En el patio del recreo de cualquier colegio, acompañados por un ensordecedor griterío, 200 niños juegan a diferentes deportes.

BASKETBALL Ricky Rubio - 0

Diariamente se produce el milagro de no ver en la enfermería a media docena de ellos. Mientras, otro grupo más pausado, se come el bocadillo charlando, o quizás, sale fuera del recinto del colegio para fumar su primer pitillo. La primera selección esta hecha. Los responsables deportivos del colegio, siempre ojo avizor, observan las condiciones físicas de los chavales y en pocos días hacen una selección de talentos. Generalmente el chico que vale para un deporte vale para todos, por lo que es el propio niño el que, después de algunas dudas, escoge el deporte que más le gusta. Sus futuros entrenadores nunca deberían olvidar el hecho de que el jugador llega a la cancha de baloncesto por decisión personal y por lo que le divierte el juego.

Todo esto ocurre en una edad aproximada de 12 años. Su vida deportiva se pone en marcha el día que llega a casa anunciando que ha sido escogido para el equipo del colegio. En el entorno familiar la noticia no deja de ser más que una anécdota, desde una alegría fingida los padres felicitan efusivamente al crío, y terminan con un comentario jocoso, no vayamos a tener en casa un nuevo Ricky. Ha pasado un mes y ha llegado la hora del primer partido, no se por qué razón este siempre es un sábado a las 9 de la mañana de un día otoñal y frío. El padre a regañadientes, madruga para llevar al niño a ese nuevo capricho llamado baloncesto. La comida del sábado se ve alterada, el padre cuenta la experiencia a toda la familia e inmediatamente aparecen los tópicos: te ha puesto poco tiempo, no te pasan el balón, fulanito es un chupón, tienes que tirar más La vida del crío inicia una transformación sorprendente. Los padres pasarán un par de años divertidos, conociendo a las familias de otros jugadores y trasladando al grupo de campo en campo. No todas las actitudes de los padres son edificantes, en algunos casos pecan de un forofismo exagerado.

El chico juega bien, la familia tiene asumido la idea de que en casa vive una futura estrella. Los hermanos, si los hay, también aceptan que el jugón tiene preferencia en la vida familiar: las conversaciones, los resultados, las anécdotas, la comprensión del profesor del colegio, todo son prebendas que facilitan la vida del mocete. Nuestro muchacho cumple los 15 años, y sin darse cuenta es un ser diferente al resto de su entorno. Las ventajas son evidentes: una vida sana en una edad difícil y la posibilidad de soñar con ser un gran jugador... Esta singularidad también tiene una parte negativa, en demasiadas ocasiones nuestro futuro jugador pierde pie académicamente, sus profesores comprenden la situación del alumno y los padres le toleran actitudes impensables en otro hijo. Nunca es fácil conducir a un adolescente y mucho menos en estos casos tan singulares.

Ya con 16 años nuestro imberbe proyecto conoce perfectamente la vida de un jugador profesional, se siente singular y el balón es el motivo que llena su tiempo. Los padres ya han aceptado el hecho y han comprendido que el niño se les ha ido de las manos.

Llegado este momento el jugador ya tiene un entrenador que se preocupa de su futuro, ahora se plantea uno de los grandes problemas que tiene sin solucionar nuestro deporte. El entrenador en sus sueños vocacionales de llegar a ser una estrella aglutina al grupo de posibles proyectos y le obliga desde sus habilidades a formar un grupo competitivo. Supongamos que los alumnos de la clase de matemáticas en vez de aprender asimilando el conocimiento y examinándose individualmente, lo hicieran todo en grupo, la conclusión sería que los superdotados interiorizarían las excelencias y el resto serían inútiles en su futuro profesional. Realidad que se ve en el baloncesto español del momento.

Ya cumplidos los 16 o como máximo los 17 el jugador tiene pérdidas todas las referencias de un adolescente de su edad: disciplina familiar, amigos del colegio o diversiones de grupo. Su vida se aleja de la realidad, en esta edad tan difícil las relaciones paterno filiales son irreversibles, aquellos ven perdida la posibilidad de educar, y el jugador cree tener una madurez que es sólo ficticia.

Ya está en la rueda, en este momento un avispado agente se acerca a él -hoy los agentes reclutan niños de 15 años-. A partir de este momento la vida del jugador está en manos de un entrenador que lo usa en beneficio propio, y de un agente que le hace creer que es el mejor conductor de su vida, al conocer a la perfección el mundo profesional en el que se va a mover. Las actitudes de ambos, entrenador y agente, son comprensibles, éste vive de colocar jugadores y cobrar comisiones. En el caso del entrenador no lo es tanto, debía de entender que su misión en ese momento es hacer mejor a los jugadores individualmente y que el reconocimiento general le abriría más puertas que intentando copiar a los consagrados.

19 años: una belleza de novia, los estudios abandonados, un dominio asombroso de la música de vanguardia, un ipod pegado a las orejas, y un desconocimiento absoluto de lo que titulaba Baroja LA LUCHA POR LA VIDA. Un puñado de aduladores, un cierto hábito a la vida nocturna y una perdida de la ética del esfuerzo configura las 24 horas del día del 80% de los jóvenes que son la esperanza de nuestro baloncesto. Del resto, un 5%, son esos súper dotados que nuestro deporte siempre genera, y el otro 15% es aquel que, arropado por el entorno familiar y al margen del nivel deportivo que consiga, ha disfrutado del baloncesto y ha construido una vida. En un futuro no lejano trataré el largo recorrido que supone los 10 años de jugador profesional hasta llegar a la treintena.

Pepe Laso / Eurosport

Comentarios (0) Creado por hydra95 November 19, 2008 (6:04PM)

El deporte y los niños, Pepe Laso contrasta

Inició mi comentario recordando un aspecto que generalmente pasan por alto los padres a los que les gustaría ver a sus hijos convertidos en estrellas del deporte.

BASKETBALL Pepe Laso - 0

Un minuto frente al espejo, sería suficiente para hacer una valoración justa de la herencia genética que la criatura puede heredar. Tras una pausada reflexión podrían ver aclaradas muchas dudas, y llegar a la conclusión de que el niño podrá divertirse toda la vida haciendo deporte, o por el contrario soñar con ser un deportista de privilegio.

Hablar de uno mismo no es agradable y cuesta trabajo, en este caso no me queda más remedio que hacerlo; cuando Pablo desde muy niño, pasaba horas intentando encestar en el quicio de una puerta hice grandes reflexiones sobre el físico que habíamos engendrado su madre y yo. Me equivoqué muy poco: pequeño, poco musculado, despierto... en definitiva un niño normal como la mayoría de sus compañeros de colegio.

¿Que le permitió a Pablo llegar a ser un jugador aceptable dentro del baloncesto español con la genética que describo-, únicamente su PASIÓN desmedida. En la relaciones paterno- filiales de un niño que quiere ser jugador, está generalizado el hecho de que la pasión la pone el padre y el hijo se deja llevar, quizá esta sea la forma de vida de nuestra sociedad, pero no vale para el deporte, y crea, en algunos casos, distanciamientos insalvables que con el paso del tiempo se convierte en motivo de reproches por parte del padre hacia el muchacho. Es el niño el que debe mostrar la pasión por el juego. Anécdota: recuerdo que siendo entrenador del Basconia y teniendo Pablo alrededor de 12 años cuando volvíamos a casa después de un partido me emplazaba para ir a entrenar el domingo por la mañana, yo le ponía la condición de que viniera su hermano menor y que además no estuviera lloviendo, pues bien, puntualmente a las nueve de la mañana venía a reclamarle el compromiso, yo, desde la cama llamaba a su hermano, le preguntaba si llovía, este siempre decía si, mientras que Pablo lo negaba y se ponía a llorar. Pablo fue jugador y Jon es un tipo fantástico.

Ettore pone mucho énfasis en la necesidad de que el niño encuentre el entrenador apropiado, es una gran verdad, Pablo tuvo mucha suerte; yo tenía en mi equipo un base enamorado del baloncesto y maestro de profesión que trabajaba en el mismo colegio donde estudiaba mi hijo, él fue su entrenador. Juan Pinedo fue ese entrenador que moldeó los primeros años de la vida deportiva de Pablo. Personalmente viví desde la distancia sus primeros años de deportista, algunas veces iba a verle jugar y el espanto que me producían las actitudes de los padres allí presentes me hizo renunciar al seguimiento. Algunas veces la actitud de los paterna es mucho peor que la materna, el padre, encuentra en el niño la figura que a él le negó la vida y se aferra a las vivencias de su hijo como si fuesen suyas y que en su día no pudo realizar, mientras la madre se preocupa más por la protección del niño que por cualquier otra cosa. Algunos clubes y colegios en España, reúnen periódicamente a padres y entrenadores para marcar los caminos apropiados en la educación de los jugadores.

DIVERTIR es la piedra filosofal en la que deberían apoyarse todos aquellos entrenadores que ejerzan en edades educativas, me atrevería a decir que incluso en las más altas instancias profesionales hay momentos en que los jugadores necesitan de la diversión, me cuesta comprender el porque la profesionalización lleve a convertir un juego en un trabajo desagradable en algunos momentos. Odio la palabra trabajo cuando se la escuchó a entrenadores jóvenes y suelo decirles: nosotros jugamos, entrenamos, competimos; en definitiva nos divertimos, nunca trabajamos.

Pero volvamos a Pablo, la pasión desde luego la tenía y la tuvo durante mucho tiempo; pero desde luego tampoco es bastante.., hay un rasgo en la vida que permite a los hombres destacar sobre el resto de sus iguales LA COMPETITIVIDAD. Esta virtud innata que además requiere una constante doma es difícil de estimular, cuando la tiene el jugador, y enseguida se descubre, se convierte en un tipo difícil, y si es un niño todavía más, Pablo lo era. Anécdota: siendo ya mayorcito, alrededor de sus 15 años jugábamos con frecuencia partidos uno contra uno, yo había cogido mis kilitos, él era una pluma, yo, para ganarle necesitaba todo tipo de triquiñuelas, él reclamaba faltas que yo negaba, él seguía jugando y yo le ganaba. A la vuelta casa, en el coche, no me hablaban, llevaba los ojos inyectados. Un día le pedí a su madre que le preguntara en la comida quien había ganado, así lo hizo, Pablo se echó a llorar y la dijo que había perdido porque yo le hacía trampas. Había llegado el momento, reconocí que era cierto, le di la victoria y se abrazó a mí.

Pablo fue creciendo sin mejorar su físico manteniendo su pasión y su competitividad, le mandé a estudiar a Estados Unidos, insisto a estudiar no jugar baloncesto, la experiencia fue fantástica, una sociedad nueva, competitiva y menos protectora que la nuestra, llegó a un colegio para mí desconocido y en el que no había negros, menos mal, son tan superiores físicamente que hubieran destrozado al niño. La experiencia fue fantástica, los americanos moldearon un año trascendental en la vida del chico y del jugador.

A su vuelta y siendo quizás un jugador un poco más importante que sus compañeros de colegio surgió una posible carrera profesional. Quién mejor que yo como padre y conocedor del deporte para dirigirle. Lo medite y rápidamente desistir en la idea. Qué vergüenza, pensar en la posibilidad de meterme en el mundo del negocio a través de mi hijo. Pablo puso su carrera deportiva en manos de un agente, Arturo Ortega defendió sus intereses con honestidad y yo viví su carrera desde la distancia.

Dirigir a Pablo como jugador, muy jovencito en la primera división, no me resultó nada difícil, mi única preocupación era su educación. Anécdota: jugábamos en Málaga un partido de pretemporada, Pablo tendría 18 años, su pasión le llevó a dar una patada a un cartel publicitario, tiempo muerto, dos mil personas gritándole, le dije: sal corriendo y coloca bien el cartel, cuando un empleado iba en camino; le grite: ¡no le dejes levantar ese cartel, se más rápido!; el público ovacionó su gesto; ya conocemos lo voluble que es la mas. Al paso de los años un aficionado malagueño, que por cierto, este año me he vuelto a encontrado en la Copa del Rey un día me paró y me dijo: yo sabía que su hijo iba a ser un buen jugador desde el día que levantó el cartel. Anécdotas tengo muchas: jugábamos en Torrelavega otro partido amistoso, me pidió dinero para ir al bar y volvió a los pocos minutos diciéndome que había ganado dinero pues el camarero del bar se había equivocado en las vueltas, le hice ver que aquel hombre tendría que ponerlo de su bolsillo al final de la tarde, se me quedó mirando y me dijo que iba a devolverlo. Después de todo un jugador siempre es mejor por como se comporta fuera de la cancha, Calderón o Garbajosa son ejemplos de lo que quiero decir.

Messina conoce mejor que yo la necesidad de un intelecto desarrollado en el baloncesto que hoy se juega en Europa, de ahí su preocupación por la formación de los jugadores, por el desarrollo mental que sólo se consigue con el sacrificio del estudio, la conversación y el debate. Los países de la cuenca mediterránea seguimos valorando a las figuras deportivas exageradamente, son la envidia de padres soñadores que, ante la menor posibilidad de que sus hijos sean estrellas, renuncian a su educación, depositando esta en manos de los clubes que contratan a los inmaduros talentos. A partir de ese momento el muchacho escoge el camino de la profesionalización deportiva quedando marginado todo crecimiento intelectual. Anécdota: en la cocina del baloncesto español se criticó a la actitud del Juventut de Badalona, de su entrenador Aíto y de los padres Ricky Rubio que niegan cualquier acercamiento al muchacho a todas aquellas personas que intenten distraerle de sus deberes de colegiales. Hace unos meses, el chico renunció a un reconocimiento público como mejor deportista joven español, por no perder un día de colegio yendo a Madrid a verse rodeado de políticos de corbata.

Dejémoslo aquí, para qué insistir en aspectos de difícil corrección. Las ligas profesionales no son responsables de la educación de sus jóvenes jugadores, el hecho de pagarles sustanciosos contratos, les liberan de la responsabilidad. Sólo hay una fórmula para mejorar el nivel medio de nuestros jugadores jóvenes; estimular, canalizar y referenciar con concreción las prioridades de los entrenadores jóvenes en el sin fin de cursos que las federaciones implanten constantemente. El entrenador de élite, como en el caso de Ettore se forjan en el día a día, nunca en cursos técnicos, ya que estos están al alcance de todos a través de los medios tecnológicos actuales. La diferencia reside en el profundo conocimiento del humanismo.

Comentarios (0) Creado por hydra95 November 19, 2008 (6:02PM)

El deporte y los niños, por Ettore Messina

A Messina parece que le sigue sobrando tiempo, su exigente trabajo de entrenador del CSKA no le priva de la satisfacción que supone meditar sobre aspectos que, aun estando relacionados con el baloncesto, traspasan su dimensión y son motivo de reflexiones vitales.

BASKETBALL Ettore Messina - 0

Antes de nada os recuerdo que podéis leer los interesantísimos artículos del técnico italiano en la página www.sports.ru/blog/messina/. En este caso me he permitido traducir sus reflexiones sobre el difícil mundo de los niños, sus padres y sus entrenadores en el mundo del deporte. Como consecuencia de nuestra diferencia generacional yo ya viví hace tiempo muchos de los pasajes que el intelectual entrenador nos describe. Fechas atrás el filósofo francés André Compte-Sponville en unas declaraciones en El Pais Semanal decía "uno puede estar enamorado, querer a sus amigos, a sus padres, pero creo que el amor más fuerte es el que sentimos por nuestros hijos... y creo que la humanidad debe su supervivencia a 5000 años de amor maternal". Definitivamente, en este caso, Messina escribe desde el preocupado amor paternal.

Paso a adjuntaros el artículo de Ettore, no sería malo que si os resulta interesante le agradecierais el esfuerzo haciéndole llegar vuestra gratitud como yo lo hago en este momento. Posteriormente reflexionaré sobre todos sus planteamientos con la ventaja de haberlo vivido prácticamente en mi relación de padre, tutor y entrenador de un niño que desde muy pequeño quería jugar a baloncesto: Pablo Laso.

CÓMO AYUDAR A SU HIJO A CONVERTIRSE EN UN DEPORTISTA PROFESIONAL

Muchas personas me preguntan sobre qué tipo de consejos puedo dar sobre cómo ayudar a su hijo a convertirse en deportista profesional. Así que hoy voy a intentar abordar esta cuestión y compartir algunas de mis ideas.

En primer lugar, será de gran ayuda para su hijo practicar cuando es pequeño tanto un deporte individual como un deporte de equipo con el fin de desarrollar plenamente su físico y su mentalidad. Por ejemplo, me sentí muy afortunado de que mi hija practicase judo durante 3 años cuando estaba en la escuela primaria. Esto realmente le ayudó a desarrollar su personalidad, para superar su falta de confianza en sí misma, conocer mejor su cuerpo y adquirir auto disciplina.

Al mismo tiempo, creo que la dinámica de los deportes de equipo es algo que debe ser experimentado, ya que contribuye a aprender a tratar con otras personas, la manera de entender tu rol, la forma de asumir la responsabilidad, no sólo la tuya sino también la del equipo. Por tanto, creo que practicar un deporte de equipo es muy útil desde el punto de vista educativo.

En algunos países como en Italia, se comete un gran error decidiendo desde muy temprano qué deporte debe hacer el niño; además, debido a la falta de instalaciones, generalmente envías a tus hijos ya sea a fútbol o baloncesto o bien a voleibol o tenis. En los Estados Unidos, los niños tienen la posibilidad de probar varios deportes antes de escoger a cual de ellos se van a dedicar. Por ejemplo, Trajan Langdon, no sólo fue drafteado por un equipo NBA, también estuvo a punto de ser elegido por un equipo de la MBL (Major Béisbol League), porque practicaba ambas modalidades en la universidad. En los EEUU además, tienen la posibilidad de probar muchas opciones en parte debido a que tienen el sistema deportivo estructurado de tal modo que las temporadas de los distintos deportes, van seguidas durante el año. Como resultado, un joven puede prácticamente realizarlo todo.

Supongamos que ya has elegido un determinado deporte. Si tuviera que hacer una sugerencia, lo primero que consideraría como padre es la calidad del entrenador. Muchos padres que no están muy familiarizados con el deporte pueden sentirse atraídos por el sistema que se centra en el resultado. Pero hay una gran diferencia entre practicar deportes a nivel profesional y enseñarlo a los jóvenes. Sería mucho mejor que enviase a su hijo al lugar donde el objetivo de la enseñanza se centra en el desarrollo de su personalidad y sus cualidades como jugador, ya que es mucho más importante que el resultado a esa edad.

En segundo lugar, si tienes la suerte de encontrar un entrenador, no debes apresurarte a hacer de tu hijo un deportista profesional que tiene cuatro o más entrenamientos a la semana, y dedica mucho tiempo al deporte. Personalmente, creo que esto no debería ocurrir hasta que el niño tiene 14 ó 15 años. Jóvenes/niños expuestos a un nivel muy alto de exigencia física, técnica y mental, por lo general, no pueden soportar este tipo de presión. Me gustaría encontrar un entrenador educador para mi hijo, que sea capaz de ofrecer un nivel razonable de desafío a los jugadores jóvenes y desarrolle un tipo de mentalidad de grupo, aunque respetando la personalidad de cada uno.

Sin embargo, esto podría ser una tarea difícil de encontrar para un entrenador. Debido a razones financieras, los niños suelen estar dirigidos por entrenadores jóvenes. A mi me paso lo mismo. Empecé a entrenar con 17 años. Echando la vista atrás, veo que me equivoqué bastante. Fue bueno para mí porque tuve la oportunidad de aprender de mis errores, pero algunos de mis jugadores lo pagaron. No hay suficiente inversión en el deporte de jóvenes para que pudiese ser atractivo laboralmente para entrenadores con experiencia. Y al mismo tiempo, necesitamos jóvenes entrenadores con ganas. Pero sólo aquellos que son capaces de entender algo de los entrenadores con más experiencia, se convertirán en buenos maestros.

Sin embargo no todos los entrenadores de más edad son necesariamente mejores entrenadores. Vayamos a la pregunta clave: ¿cómo un padre que nunca ha jugado profesionalmente a un deporte podría decidir qué entrenador es bueno para su hijo-. En primer lugar, ni el padre ni el entrenador deben sentirse atraídos por resultados inmediatos. En segundo lugar, todos nosotros podemos entender si hay equilibrio en el comportamiento de otra persona. Incluso si a mi hijo le permiten hacer más tiros o juega más minutos sospecharía. Porque le tratan como a una superestrella y sólo tiene 13 años. No es el mejor camino para desarrollar su personalidad.

Supongamos que no sé de baloncesto y elijo un entrenador para mi hijo. Los indicadores más importantes para mí serían: a) el humor de mi hijo cuando vuelve a casa tras los entrenamientos y b) el nivel de compañerismo en su equipo cuando veo sus partidos. Si veo que mi hijo llega a casa perfectamente centrado y la mayoría de las veces positivo, y su equipo juega con un buen sentido de compañerismo, para mí esa es la señal de que deberías querer que se quede con este entrenador. Si por el contrario, viene a casa frustrado o se comporta de alguna manera extraña, lo mejor sería que lo dejase y buscases a otro entrenador.

Los entrenamientos deberían ser el momento en que el niño se enfrenta a un reto de una manera constructiva. Usted puede entender si se entrenan de esta manera, simplemente mirando a su hijo después de los entrenamientos. Hablando de mi mismo, si mi hijo Filippo quiere jugar a baloncesto cuando crezca, será una presión extra, tanto para él y su entrenador al tenerme a mí alrededor. Así que tendré que encontrar una manera de no permanecer demasiado cerca, pero al mismo tiempo tampoco demasiado lejos de él. Si estoy demasiado lejos, podría percibirlo como que no estoy interesado en lo que hace. Así que será muy difícil para mí encontrar el equilibrio en cada momento.

De hecho ahora Filippo está volcado con el baloncesto. Vive dentro del baloncesto. Viene a ver nuestros entrenamientos y partidos, conoce a todos los jugadores, tiene sudaderas y camisetas del CSKA, es como un jugador en algún sentido. Pero cuando volvemos a Italia, juega a fútbol con sus primos. En ningún caso quiero presionarlo para que elija el baloncesto sobre otros deportes.

Está tan excitado con el baloncesto hasta el punto de que cuando está en casa y algún amigo viene a vernos, Filippo siempre quiere jugar un 2x2. Tiene su rutina. Apaga las luces e inicia la presentación de los jugadores: nº 4 - Theo Papaloukas, nº 6 - Nikos Zisis, nº 7 Anatoly Kashiros (quién por cierto es su jugador favorito)Y así sucesivamente hasta el último, entonces enciende la luz, hace un breve calentamiento y entonces ya podemos jugar. Durante el partido a veces pide tiempo muerto, va a sentarse en la esquina o agita una toalla. Así que, básicamente, imita todo aquello que ve durante nuestros partidos.

La parte difícil fue cuando nosotros, su madre y yo, tuvimos que hacerle perder algunas veces. Nos dimos cuenta que nuestro instinto natural era dejarle ganar. Tuvimos que hacerlo más real. Honestamente, fue dramático para él perder un partido al principio. Ahora, finalmente comprende que perder también forma parte del juego, al igual que jugar mal en ocasiones, y reconoce que su madre o su padre jugaron mejor.

Cuando tenga 12-14 años encontrará un entorno que será sencillo para él de entender. El deporte es una gran ayuda con los jóvenes para permitir que desarrollen su personalidad. La razón es muy simple: es una metáfora de la vida. Ganas, pierdes, experimentas frustración si pierdes o alegría si ganas. Pero, si no es tu profesión, vives todas estas experiencias gratis. En la vida normal, si experimentas algún fracaso (en las relaciones, en el trabajo, en la escuela o en cualquier otro ámbito), a veces tiene un gran coste. Los deportes te permiten entender un poco cómo te puedes llegar a sentir en la vida real cuando algo similar te ocurre allí.

Esta es una gran ventaja de cualquier deporte. Así que me gustaría poder transmitirle a mi hijo esta experiencia a fin de que esté más preparado para la vida real.

Hasta que los niños tienen 12-13 años no es sólo deporte, es más un juego. Por juego me refiero a algo que puede ser practicado cometiendo un montón de errores. Debe tener mucho de diversión. Es como cuando en el colegio experimentas todo lo divertido que es aprender a leer, contar o descubrir algo nuevo. Es más un juego en los primeros 4-5 años. Luego se hace más serio y se empieza a convertir para los niños en un proceso de aprendizaje y comprensión mucho más selectivo. Comienzas a presionarles un poco para que organicen su habilidad para el estudio.

Por ejemplo, en el sistema escolar italiano, la diferencia viene a los diez años. A esta edad pasas de la escuela primaria a la media que dura 3 años y te prepara para la escuela secundaria. Y, a continuación, después de 5 años de la escuela secundaria vas a la universidad. Así que, con seguridad, todo lo que pasa durante 5 años en la escuela primaria, desde los 6 a los 10 años, son un juego. Incluso si comienzas a introducirle algo de disciplina.

Lo mismo en el deporte, no se deben tocar los fundamentos hasta al menos los 10 años. Por supuesto, puedes enseñar a tus hijos a conocer su cuerpo a través del manejo de balón: cogerlo, desplazarte con el balón etc. En Italia, por ejemplo, tenemos el minibasket (balón pequeño con canastas más bajas), que es principalmente un juego, no un deporte, con la excepción de situaciones en las que algunos entrenadores presionan a los niños para ganar por todos los medios. Y eso es un abuso, en mi opinión. Además, el minibasket es un juego de pura diversión, donde los niños menores de 12 años pueden jugar con el balón y participar en concursos.

He oído muchas cosas acerca del sistema ruso en el que los niños tienen uno o más entrenamientos al día desde muy temprana edad. En los USA, está limitado el número de entrenamientos a cupo máximo de horas a la semana. Y son muy estrictos, incluso en la NCAA. Estoy de acuerdo con esto. No es realista que tu hijo de 10-12 años de edad viva como si fuese un jugador profesional, entrenando dos veces al día.

Cuando me preguntan qué edad es la mejor para comenzar a entrenarse como un deportista profesional, respondo con una pregunta: ¿Qué importancia tiene el colegio para tus hijos-. Cuando estaba entrenando jugadores jóvenes en Italia en los 80 (desde 1978 a 1989) algunos padres me decían: «Lleva a mi hijo al gimnasio todas las veces que puedas, porque no me interesa el colegio, quiero que se convierta en un jugador profesional».

Debido a la situación económica, muchas familias ven el que sus hijos tengan éxito en el deporte como una forma de mejorar su calidad de vida. Lo respeto. Pero al mismo tiempo todavía sigo creyendo que la educación en la escuela es muy importante. Y que nunca sería una buena idea sacrificarla.

Creo que no puedes ser un buen e inteligente jugador, si no has estudiado al menos a un mínimo nivel, si no has aprendido a utilizar tu cerebro. Por lo menos, en Europa. La NBA es diferente. En Europa el juego es cada vez más sofisticado, a veces me siento más feliz de ver a un jugador mío leyendo un libro tras acabar un entrenamiento que si se hubiese quedado en el gimnasio. Estoy muy preocupado porque todo lo que tienen fuera de baloncesto es el iPod y la PlayStation. Yo respeto la PlayStation y el iPod, pero hay más cosas en la vida. Por supuesto que tienes que ser una persona inteligente y educada para jugar al más alto nivel.

Así que la pregunta es si quieres que tus hijos sean bueno estudiantes en caso de su carrera deportiva no funcione, o si quieres jugar a la lotería y le ofreces todo para que sea un deportista profesional. Si quieres que estudie, no puede entrenarse dos veces al día hasta que finalice su etapa escolar. Es muy simple.

En cuanto a los fundamentos que se desarrollarán hasta que los jugadores tengan 16-17 años, la cuestión más importante que hay que lograr son la coordinación y el equilibrio. Yo no sería tan paranoico con todas las demás cosas. Entonces, es obvio, tienes que enseñarles manejo de balón, el pase, la mecánica de tiro, el bote, moverse sin balón. Pero si no tienen equilibrio y coordinación, va a ser difícil para ellos que se conviertan en buenos jugadores de baloncesto. Por ejemplo, a Ricky Rubio le ayuda mucho el gran equilibrio, coordinación y rapidez que tiene. Le da una gran ventaja. Es increíble que en el Joventut logren sacar tantos jugadores jóvenes año tras año. Con seguridad, su sistema merece ser estudiado.

Comentarios (0) Creado por hydra95 November 19, 2008 (6:01PM)

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